París: una conferencia para la paz a destiempo y con las partes implicadas ausentes

16/Ene/2017

Infobae, Leah Soibel

París: una conferencia para la paz a destiempo y con las partes implicadas ausentes

Ni los tiempos son los más adecuados ni la
fórmula escogida es la más eficaz. Este es el primer titular que puede
obtenerse de la Conferencia de París celebrada este domingo a iniciativa del
Gobierno de Francia, que buscaba revivir el proceso de paz entre Israel y los
palestinos.
La fecha elegida es de todo menos casual: a
cinco días del cambio de inquilino de la Casa Blanca, teniendo claro que hasta
ahora Estados Unidos ha sido y se espera que siga siendo un actor clave en el diálogo
entre las partes. Parece lógico pensar que, con un interlocutor de esta talla,
lo más prudente hubiera sido esperar al menos al relevo. Por mucho que se haya
alineado la postura del representante de Estados Unidos con los demás
asistentes a la conferencia, lo esencial es contar con el compromiso de la
nueva administración de Donald Trump, no con el del casi extinto Gobierno de
Barack Obama. Además, el último presidente y su secretario de Estado, John
Kerry, se han embarcado en las últimas semanas en una carrera contrarreloj para
someter a presión internacional al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu,
y su gobierno. En lo que parece un ejercicio de venganza personal, Obama ha
puesto en riesgo la sólida alianza de Estados Unidos con Israel: omitió su
derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU para aprobar una resolución
antiisraelí, y apoyó el discurso de última hora de Kerry sobre su visión del
conflicto, en el que obviaba «la auténtica raíz» del problema, tal y
como lo señaló Netanyahu.
Con estos antecedentes, no sorprende que
las conclusiones de la Conferencia de París caigan en el mismo sesgo habitual
que últimamente abunda en la ONU. Está claro que una iniciativa de estas
características necesita de más sosiego y de una recuperación de la confianza
entre Israel y Estados Unidos, así que lo prudente, en cuanto a la
temporización de esta conferencia, hubiera sido esperar a lo que tengan que
aportar Donald Trump y su equipo.
Por lo que se refiere a la fórmula elegida,
nos encontramos ante otro desatino confuso. Resulta que se organiza una
iniciativa de alto nivel diplomático para tratar de recuperar un proceso de paz
entre Israel y los palestinos, y no se invita a participar ni a los
representantes de unos ni de otros.
Ya sea apoyando el principio de los dos
Estados —algo con lo que, por cierto, el Gobierno de Israel sigue comprometido—
o abordando nuevas fórmulas creativas, la única posibilidad de éxito para poner
fin a este conflicto es contar con la participación y el protagonismo de las
dos partes. La bilateralidad ha de ser el principio que guíe este proceso,
sentada en la base de un reconocimiento mutuo. A partir de ahí, todos los
asuntos pueden ponerse sobre la mesa: fronteras, intercambios de territorios,
cooperación, seguridad, refugiados. Pero sin un reconocimiento claro y
explícito de la legitimidad de Israel a existir por parte de los palestinos, y
viceversa, no contaremos con los cimientos para iniciar el proceso. Sólo cuando
se restablezca la confianza mutua y se retomen las negociaciones en clave
directa y bilateral, empezarán a darse nuevos pasos hacia la paz.
Lo contrario es este tipo de iniciativas
como la vivida el domingo en París, cuyo guion ha cumplido con las expectativas
previamente anunciadas por Netanyahu sobre esta cita: «La Conferencia está
amañada por los palestinos bajo los auspicios de Francia para adoptar posturas
adicionales antiisraelíes». Y así, efectivamente, «se alejan las
posibilidades de una paz justa». Además, las prisas por convocar esta
conferencia ponen de manifiesto un hecho que no es baladí: mientras que los
países y las organizaciones reunidos en París no demuestran ningún esfuerzo
comprometido para frenar las masacres en Siria, donde han muerto cientos de
miles de personas, parecen incrementar su obsesión por criticar a Israel, una
democracia en pleno Medio Oriente en primera línea de la lucha internacional
contra el terrorismo islamista.
Por supuesto, Israel y los palestinos
pueden contar con el apoyo internacional para ayudar a engrasar el diálogo,
pero las potencias extrajeras no pueden sustituir, como esta conferencia de
París ha pretendido, a la voluntad de los dos pueblos de resolver sus propios
conflictos. Todo lo demás es generar confusión en la opinión pública
internacional y frustración entre los ciudadanos de Israel y de los territorios
palestinos.
La autora es directora de la agencia Fuente
Latina.